"¿Cuántos tenemos una historia similar?"Es, sin duda, una paradoja que asesina lentamente. La empatía más honesta del mundo no podría siquiera acercarse a sentir, ni menos dilucidar, un fragmento del sufrimiento que atormenta mi corazón.
Detrás de la transparente esfera que responde al nombre de ojo, se esconde un niño que anhela ser entendido y descubierto. No es una mala persona, pero sabe que si osa a sacar una manito será tildado así, y lo que es peor aún, si procede a salir, sacando aunque sea una mísera uña, no podrá volver a entrar, y su muro será derrumbado. Así que el niño se sienta, entristecido, a observar cómo el mundo se comporta. Sueña con emerger al exterior, con probar que la inocencia no es un pecado, sino más bien una virtud. Quiere saborear la honestidad, morderla con todas sus fuerzas y embriagarse con ella, incitando a quienes estén en derredor a hacer lo mismo. Sin embargo, sus deseos son contrapuestos por la realidad que observa. Ve la manera en que los niños pertenecientes a otros cuerpos son destruidos al abandonar su refugio. Los observa llorar, y él no quiere vivir lo mismo. Se pregunta día a día la razón de esto: ¿seré yo quien no merece llegar al mundo, o el mundo es quien no me merece? Cavila incansablemente, tenaz y terco, buscando una solución. Pasa la mayor parte de su día construyendo escudos inservibles que a la primera ráfaga de viento violento caen destruidos. Y en lo que le resta de luz solar, se recuesta a construír su tormentosa fantasía de caminar entre los vivos y dejar de ser un sufrido espectador. Piensa, con la más exquisita ilusión, en que prefiere una vida sufrida e intensa, a una encerrada, lineal y aburrida. Se apasiona pensando en ello, imagina cuánto disfrutaría al recorrer las áreas verdes que ve pasar. Pero, siendo objetivo y realista, se da cuenta de que no puede vivir de un sueño, simplemente no es para él. Y sabe que la única forma que tiene de deshacerse de su sueño, es haciéndolo realidad. Llora desconsoladamente. Sabe que si se asoma a la luz, su vida correrá peligro. Así que prefiere esconderse hasta idear un plan maestro, pero los días no lo acompañan, continúan su cruel paso, haciendo que este niño envejezca y termine por morir, aferrado a su anhelo de vivir en el mundo.



