martes, 25 de septiembre de 2007

"El espejo ocular"

"¿Cuántos tenemos una historia similar?"

Es, sin duda, una paradoja que asesina lentamente. La empatía más honesta del mundo no podría siquiera acercarse a sentir, ni menos dilucidar, un fragmento del sufrimiento que atormenta mi corazón.
Detrás de la transparente esfera que responde al nombre de ojo, se esconde un niño que anhela ser entendido y descubierto. No es una mala persona, pero sabe que si osa a sacar una manito será tildado así, y lo que es peor aún, si procede a salir, sacando aunque sea una mísera uña, no podrá volver a entrar, y su muro será derrumbado. Así que el niño se sienta, entristecido, a observar cómo el mundo se comporta. Sueña con emerger al exterior, con probar que la inocencia no es un pecado, sino más bien una virtud. Quiere saborear la honestidad, morderla con todas sus fuerzas y embriagarse con ella, incitando a quienes estén en derredor a hacer lo mismo. Sin embargo, sus deseos son contrapuestos por la realidad que observa. Ve la manera en que los niños pertenecientes a otros cuerpos son destruidos al abandonar su refugio. Los observa llorar, y él no quiere vivir lo mismo. Se pregunta día a día la razón de esto: ¿seré yo quien no merece llegar al mundo, o el mundo es quien no me merece? Cavila incansablemente, tenaz y terco, buscando una solución. Pasa la mayor parte de su día construyendo escudos inservibles que a la primera ráfaga de viento violento caen destruidos. Y en lo que le resta de luz solar, se recuesta a construír su tormentosa fantasía de caminar entre los vivos y dejar de ser un sufrido espectador. Piensa, con la más exquisita ilusión, en que prefiere una vida sufrida e intensa, a una encerrada, lineal y aburrida. Se apasiona pensando en ello, imagina cuánto disfrutaría al recorrer las áreas verdes que ve pasar. Pero, siendo objetivo y realista, se da cuenta de que no puede vivir de un sueño, simplemente no es para él. Y sabe que la única forma que tiene de deshacerse de su sueño, es haciéndolo realidad. Llora desconsoladamente. Sabe que si se asoma a la luz, su vida correrá peligro. Así que prefiere esconderse hasta idear un plan maestro, pero los días no lo acompañan, continúan su cruel paso, haciendo que este niño envejezca y termine por morir, aferrado a su anhelo de vivir en el mundo.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

"El último consuelo"

"There's nothing more to say. At least not tonight..."

Ríete del coraje, de las reglas y la vida, que no dan nada excepto dolores de cabeza. Posiblemente sería todo mejor si eliminásemos el filtro que condiciona nuestras palabras, cuidando no ofender a nadie, llenando nuestra boca de palabras que conscientemente queremos decir, pero que en el fondo no nos representan. Ríete del miedo y sus manifestaciones, que no eres el único aterrado… hay muchos otros lisiados que necesitan compañía. Ríete de las señoras que hablan sobre un infierno ulterior a la muerte, su ignorancia no les permite ver que no hay peor escenario dantesco que la tierra y sus ambientes. Ríete de las lágrimas ajenas, pues si todos ríen de las tuyas ¿qué hay de malo en devolver la mano? Permítete disfrutar de lo absurdo, que si seguimos amigos de la negación, los secretos y la tristeza; es lo más cercano que tenemos a la felicidad.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

"Rebaño disperso"

"Otro cuento que envié a Santiago en 100 palabras..."

“Ven a buscarme”, fue lo que escuché al otro lado del celular. Cuando llamaste, llevábamos cuatro días de desesperación por no saber dónde estabas. Nunca pudiste ser el ejemplar hermano mayor, pero para mí eras un héroe. Nuestros padres te dieron por caso perdido, preferían ignorar que las cosas desaparecían y que todos los días te acostabas llorando. Llegué a las tres de la mañana a Plaza Italia y te vi, con un cuchillo ensangrentado en la mano. Estabas junto a un cuerpo inanimado, era víctima de tu necesidad vital. La pasta base consumió tu vida, y además tu libertad.

jueves, 6 de septiembre de 2007

"¿Víctima o victimario?"

"Cuento que tengo pensado mandar a Santiago en 100 palabras"

Abres los ojos y miras en derredor, el reloj marca las siete. Te duchas con rapidez de lunes. “Última vez que llegas tarde” te dijeron el viernes. Besas a tu señora y a tus hijos que van saliendo. Tu hijo suele preguntarte “¿por qué no nos va mejor?”. Vives en un sector humilde, periferia, lejos del trabajo. Te asomas a la casa de al lado: un BMW y un jardín de revista. Una niña te saluda, un hampón enviado le apunta y dice “no es tu culpa”, la ves morir. “Por eso nos va mal" respondes al regresar bañado en sangre.