"Me pareció interesante intentar escribir sobre el amor..."Una de las últimas conclusiones que he conseguido en mis noches insomnes es que el amor no tiene una definición universal. Es claro. Miles de personas lo experimentan y viven de maneras completamente disímiles, algunos a través de látigos e indiferencia, y otros más dulcemente, embriagados con un romanticismo digno de novela rosa. También he concluido que para mí no existen novelas rosa ni látigos, sólo una mente que magnifica e idealiza un amor unilateral de aire e incomprensión. Algo así como un método único de castigo que se disfraza bajo un nombre de cuatro letras, empresa que a su vez anhela la mirada fija de un cupido despistado.
Miles han sido las noches en que evoco mis ansias hacia él, muriendo por un ápice de interés que finalmente no llega y me tortura hasta entrado el amanecer.
Para mí amar es dejarlo todo, amarrarse a una nada que es capaz de llenar hasta lo más infinito. Es entender y dejarse entender, abrir las puertas de la recóndita capilla que todos tenemos al costado izquierdo de nuestro pecho, lugar del que ruegan nuestros ángeles personales con el fin de que llegue algún demonio que los entretenga y los arranque del mundo aburridor de cuatro paredes que se conoce bajo la denominación de factoría de ensueños.
Para amar no es necesario ser parte activa de la vida de la persona amada. Basta que la química converja con el interés para que la mezcla sea exacta y zarpe en un puerto rojo parecido a una bomba. De ahí en adelante todo es incierto. A pesar de ello soy partidario de que el amor perdona y todo lo puede. Sé que para amar no es necesario estar de novio. Basta con desear lo mejor para quien recibe ese amor, y ver desde lejos cómo es que todo funciona. Si sonríe, yo también sonrío, aunque sea a miles de kilómetros de distancia.
Ése es el espíritu del amor que yo conozco, que yo defino como tal, y que también defiendo.



