viernes, 25 de enero de 2008

"Proyecto de ensayo mamonístico sobre aquello sin nombre"

"Me pareció interesante intentar escribir sobre el amor..."

Una de las últimas conclusiones que he conseguido en mis noches insomnes es que el amor no tiene una definición universal. Es claro. Miles de personas lo experimentan y viven de maneras completamente disímiles, algunos a través de látigos e indiferencia, y otros más dulcemente, embriagados con un romanticismo digno de novela rosa. También he concluido que para mí no existen novelas rosa ni látigos, sólo una mente que magnifica e idealiza un amor unilateral de aire e incomprensión. Algo así como un método único de castigo que se disfraza bajo un nombre de cuatro letras, empresa que a su vez anhela la mirada fija de un cupido despistado.
Miles han sido las noches en que evoco mis ansias hacia él, muriendo por un ápice de interés que finalmente no llega y me tortura hasta entrado el amanecer.
Para mí amar es dejarlo todo, amarrarse a una nada que es capaz de llenar hasta lo más infinito. Es entender y dejarse entender, abrir las puertas de la recóndita capilla que todos tenemos al costado izquierdo de nuestro pecho, lugar del que ruegan nuestros ángeles personales con el fin de que llegue algún demonio que los entretenga y los arranque del mundo aburridor de cuatro paredes que se conoce bajo la denominación de factoría de ensueños.
Para amar no es necesario ser parte activa de la vida de la persona amada. Basta que la química converja con el interés para que la mezcla sea exacta y zarpe en un puerto rojo parecido a una bomba. De ahí en adelante todo es incierto. A pesar de ello soy partidario de que el amor perdona y todo lo puede. Sé que para amar no es necesario estar de novio. Basta con desear lo mejor para quien recibe ese amor, y ver desde lejos cómo es que todo funciona. Si sonríe, yo también sonrío, aunque sea a miles de kilómetros de distancia.
Ése es el espíritu del amor que yo conozco, que yo defino como tal, y que también defiendo.

jueves, 17 de enero de 2008

"Manifiesto de soledad"

"La visión romántica de una práctica reiterativa y presente en todas las vidas. Aquel que reniegue de ella será un mitómano crónico..."

Búsqueda efímera y animalesca. Templo de intimidad absoluta. Marca textual que exterioriza los deseos en un libro rojo de temblores y humedad. Montaña rusa de sensualidad reprimida. Sucesión de fotografías mentales sin sonido; algunas reales, otras inventadas. Abstracta y líquida tibieza. Acordes mudos de placer que se entrelazan y construyen el castillo de naipes más perfecto y brillante que jamás se podrá sentir. Juego de conmociones. El nacimiento de prados sin frontera. Rasguños. Aceleración de los signos vitales. Cosquillas y un temblor que lleva a la frialdad nuevamente. Un golpe de realidad, y a veces arrepentimiento. Preferiría que este edén onanístico fuese eterno.

miércoles, 16 de enero de 2008

"Más de lo mismo"

"Me consuelo pensando en que esto recide solamente en mi imaginación..."

Odio esos días en que te bañas y te vistes sólo para rondar por tu casa, ver alguna película repetida en el cable, leer un libro por tercera vez y respaldarte en que es uno de tus favoritos para no sentirte mal por no tener plata para comprar uno nuevo, contar minuciosamente las fisuras del techo, o simplemente para hacer nada. Hoy me tocó uno de aquellos.
Me levanto y aborrezco sentirme solo, puesto que sentirse así trae consigo la necesidad de hacer retrospectivas estúpidas sobre cosas que hice y dejé de hacer, únicamente para castigarme fuera de plazo y refregarme en la cara que soy más fiasco de lo que pensé anoche mientras bebía y fumaba como imbécil escuchando mi cd depresivo favorito y pensando, ilusamente, en los caminos que podría tomar para alcanzar un pasar decente. Lo lamento, no soy idealista y me resigno a la idea de serlo; guatón pero no huevón.
El café me sabe más amargo que de costumbre, creo que es porque no he cambiado el filtro de la cafetera; un ejercicio que llevo semanas posponiendo. Me quemo tostando el pan y no sé si reir o llorar. Mientras camino para sentarme a la mesa piso mierda del gato que llegó a mi casa hace dos días, del que me habría olvidado completamente si no fuera por su gracia.
Suena mi teléfono, y después de pensar en destrozarlo con un mazo gigante o dispararle con una bazuca, lo contesto.
- ¡Feliz santo! –grita una voz al otro lado del teléfono.
Prefiero cortar. ¿Para qué pelear por algo que no tiene pies ni cabeza? Además siento mi piel sensible a cualquier toque, roce o sensación. Mis poros son navajas antes de las ocho de la mañana.
Estoy frustrado. Llevo años pretendiendo ser alguien y no pasa nada. Llevo años intentando ser un aporte y no lo he conseguido. El tiempo se me va y no he alcanzado ninguno de los objetivos que fueron bencina para mi adolescencia y que ahora están esperando por ser tomados en cuenta.
Abro mi refrigerador y me saludan dos cucarachas contentas por el festín de alimentos podridos que hay allí dentro. Me miro al espejo y no me veo a mí, sino a mi imagen atropellada y baleada; no quiero reconocer que ése imbécil ojeroso soy yo.
En las mañanas doy vergüenza ajena y agradezco que no haya nadie cerca para verme, ya que prefiero vivir esta indecencia dentro de las cuatro paredes que, aunque cayéndose a pedazos, cumplen su función de separarme del mundo exterior.
En mi mente preparo un día ideal. Haré esto y lo otro. Prepararé esto, y aquello también pero con más preparación. Llamaré a X y a Z. Saldré con Y, espero que funcione algo entre nosotros. Cuando termino de preparar mi día comienzan las noticias de las 9.
- ¡Qué desperdicio! –concluyo antes de acostarme.

miércoles, 2 de enero de 2008

"Segundas lecturas"

"..."

De ayer a hoy las calles no han cambiado, se mantienen frías, crudas como las mil y un navajas que escondiste dentro de tu cama cuando difícilmente me dejaste entrar.
Ese témpano de hielo que recide en el costado izquierdo de tu pecho lleva horas torturándome, y debo conformarme con ser el barco que él hunde, pues su tamaño, vigorosidad y fuerzas, al entrar en contacto conmigo, me destruyen, trayendo consigo un poquito de placer y un despertar de órganos que ni sabía que existían. Por eso concluyo que gracias a ti me he vuelto masoquista.
Hoy recorro las calles donde ayer te encontré, cubierta en una putrefacta manta y rodeada de botellas con desiguales grados de alcohol. Me dijiste que yo era tu buen samaritano y pensé que tocaría el cielo, no que desde ahí comenzaría mi descenso hasta los rincones más oscuros de un infierno con tu nombre.
En un día como hoy te entregué techo, comidas a destajo y un amor arrebatador. Un día como hoy tu agradecimiento y odio hacia el mundo se fundieron, justo el día después del que llegaste, y tu estado de materia sólida se evaporó dejándome un sentimiento de vacío capaz de obligarme a asesinar para conseguir más de ti. Gracias a esto, todas las noches voy en busca de chicas como tú, aunque sé que nunca sentiré con ellas un temblor como el que sentí aquella noche contigo.
Los doctores dicen que es normal, la primera vez es siempre la más intensa.