"Lo más cómico es que la historia no tiene nada que ver con mi infancia. En fin, los sueños son sueños... Una historia de la vida real..."Desperté y sentí que mi corazón sangraba. Me di numerosas vueltas en la cama, pretendiendo evocar una realidad terrena para así explicarme el porqué de mi infinita angustia. Recordaba el sonsonete de una canción, y una mano que entre las mías suplicaba refugio. Me acordé también de que había besado esa mano, y que en ese beso había una suavidad en extremo particular que junto a un aroma que calaba mi ser me ayudó a esclarecer algo más de mi sueño. El sonsonete continuaba, y la pantalla de mi computador apareció de repente entre mis recuerdos. Mis reminiscencias comenzaron a aflorar: buscaba entre mis archivos de mp3 una canción para conmemorar mi infancia. Sentí que de golpe una oscura puerta se abrió. Me asusté de pronto, para después caer en cuenta de la identidad del ser. Eras tú, ausente. Eras tú, a quien yo amo. Me sonreíste irónicamente, y entre los diálogos que recuerdo dijiste que esperabas a tu mejor amiga (¿cuál era la idea de esperarla ahí, a mi lado y en mi oficina?). Yo asentí y procedí a sonreír abiertamente, pues a pesar de que no era a mí a quien querías ver yo tenía la oportunidad de hacerlo. Te seguí hablando de cosas sin sentido para así atrapar en algo tu atención. Te conté que jugaba un juego en el computador (cosa que en realidad nunca hago, pero en fin, los sueños suelen escaparse de lo común) que tenía como objetivo el de atrapar un avión mientras éste iba volando… el personaje del juego sólo caminaba. Tú reíste y me dijiste:
- ¿Qué creerías si yo te dijera que iré, con mi mejor amiga, a un lugar que haya existido algún día pero que ya no existe? ¿Y que, además, fuéramos en busca de tu avión perdido?
- A ver, ¿a qué te refieres con eso? –repliqué entusiasmado. Me imagino que significaría que le mintieron a sus superiores para ir a un lugar al que no los dejaban, o, en su defecto, para escaparse a cualquier parte. ¿No es cierto?
- ¿Por qué crees que estoy aquí? –dijiste ya algo triste. Es porque te extraño.
Caíste sin remedio entre mis brazos, descorazonado por la distancia que se había posado entre nosotros. Me dijiste que no entendías nada, que no sabías qué hacer, mientras que yo te suplicaba entre lágrimas de cristal que no me hablaras más de eso. Te abrazé durante innumerables segundos de sueño. Tomé tu mano, y la besé cuantas veces pude, creyendo ilusamente que eso en algo podía calmarte. Percibí que nuevamente alguien abrió la puerta, entró y tomó lugar en el computador. Ese alguien cambió la canción, provocando que desaparecieras de mis brazos, y haciendo que yo terminara por despertar. En la realidad las cosas son distintas, me dije. Por eso me gusta soñar.





