viernes, 26 de octubre de 2007

"Oníricas lágrimas de cristal"

"Lo más cómico es que la historia no tiene nada que ver con mi infancia. En fin, los sueños son sueños... Una historia de la vida real..."

Desperté y sentí que mi corazón sangraba. Me di numerosas vueltas en la cama, pretendiendo evocar una realidad terrena para así explicarme el porqué de mi infinita angustia. Recordaba el sonsonete de una canción, y una mano que entre las mías suplicaba refugio. Me acordé también de que había besado esa mano, y que en ese beso había una suavidad en extremo particular que junto a un aroma que calaba mi ser me ayudó a esclarecer algo más de mi sueño. El sonsonete continuaba, y la pantalla de mi computador apareció de repente entre mis recuerdos. Mis reminiscencias comenzaron a aflorar: buscaba entre mis archivos de mp3 una canción para conmemorar mi infancia. Sentí que de golpe una oscura puerta se abrió. Me asusté de pronto, para después caer en cuenta de la identidad del ser. Eras tú, ausente. Eras tú, a quien yo amo. Me sonreíste irónicamente, y entre los diálogos que recuerdo dijiste que esperabas a tu mejor amiga (¿cuál era la idea de esperarla ahí, a mi lado y en mi oficina?). Yo asentí y procedí a sonreír abiertamente, pues a pesar de que no era a mí a quien querías ver yo tenía la oportunidad de hacerlo. Te seguí hablando de cosas sin sentido para así atrapar en algo tu atención. Te conté que jugaba un juego en el computador (cosa que en realidad nunca hago, pero en fin, los sueños suelen escaparse de lo común) que tenía como objetivo el de atrapar un avión mientras éste iba volando… el personaje del juego sólo caminaba. Tú reíste y me dijiste:
- ¿Qué creerías si yo te dijera que iré, con mi mejor amiga, a un lugar que haya existido algún día pero que ya no existe? ¿Y que, además, fuéramos en busca de tu avión perdido?
- A ver, ¿a qué te refieres con eso? –repliqué entusiasmado. Me imagino que significaría que le mintieron a sus superiores para ir a un lugar al que no los dejaban, o, en su defecto, para escaparse a cualquier parte. ¿No es cierto?
- ¿Por qué crees que estoy aquí? –dijiste ya algo triste. Es porque te extraño.
Caíste sin remedio entre mis brazos, descorazonado por la distancia que se había posado entre nosotros. Me dijiste que no entendías nada, que no sabías qué hacer, mientras que yo te suplicaba entre lágrimas de cristal que no me hablaras más de eso. Te abrazé durante innumerables segundos de sueño. Tomé tu mano, y la besé cuantas veces pude, creyendo ilusamente que eso en algo podía calmarte. Percibí que nuevamente alguien abrió la puerta, entró y tomó lugar en el computador. Ese alguien cambió la canción, provocando que desaparecieras de mis brazos, y haciendo que yo terminara por despertar. En la realidad las cosas son distintas, me dije. Por eso me gusta soñar.

jueves, 18 de octubre de 2007

"Detener el tiempo"

"¿Te sientes capaz de encontrar coherencia donde no la hay? Advertencia: necesario conocerme para entender esto..."

Sí. Todo terminó por deformarse. Las calles mutaron y comenzaron a parecerse a libros sin lector: a la nada, pero no a la nada cualquiera, sino a una nada ínfima, imperceptible e irrefutablemente innecesaria. Me enfrenté cara a cara con mi sentido del humor en un encuentro casual, una mañana cualquiera mientras yo, preso del sueño y de unas ojeras inmensas, me afeitaba como todos los días frente al espejo del baño. Me sonrió, y yo le devolví simultáneamente la sonrisa. Era verdad lo que todos decían: no tengo sentido del humor. No era tan malo, pues no era mi única carencia. Tenía otras, más profundas y viscerales, más íntimas y menos superficiales. Una de ellas era la costumbre a la introspección, hábito que heredé de la conciencia colectiva, del miedo a los días iguales, del terror al rechazo y especialmente de la contraposición de sensaciones que significa enamorarse: anhelo y vértigo, blanco y negro, vida y muerte, ganar y perder. Tú te preguntarás ¿por qué carencia?. Yo te respondo que es carencia de optimismo.
Aquí hay algunos de los incoherentes pensamientos que me acosan mientras la introspección se vuelve mi modo de vida:
Alimentas a tu hijo y esperas que sea grande, fuerte como un roble; un futbolista o un médico. Pero nunca un adicto a la soledad. Eso no es felicidad, o por lo menos no le da una chance de aparecer. Mas no recuerdas que los callejones oscuros constituían tus caminos en la juventud, y niegas que secretamente te aferras a ellos porque te diste cuenta de que, a fin de cuentas, al atarte a una vida cotidiana y saludable, dejaste de vivir.
Es necesario citar como ejemplo el caso habitual del "vivir porque sí", o mejor dicho "vivir por aquellos que nos rodean". Existió -hay que recalcar que es un caso aislado y que, si alguno de los lectores se siente identificado/a, debe empezar a preocuparse- el caso de un hombre que, escondiéndose detrás de caretas plásticas e insustanciales, se dejó estar hasta la muerte. Siempre supo que debía luchar, que sentirse amado era un sueño que sólo conocía porque lo había leído, aunque él también había amado, loca y desesperadamente, sólo como los románticos aman, pero lamentablemente, nunca se atrevió a botar el plástico que lo encarcelaba. Un día cerró los ojos y se encontró incapacitado para hablar y moverse. Miró la pantalla que mostraba su peso, mientras estaba en la camilla y vio la suma descender en 21 gramos. Fue en ese instante, en esa fracción de segundo cuando se dijo: "yo mismo, ¿habré pecado de imbecilidad? ¿será que pude haber llegado a ser feliz? Quizás me hizo falta coraje, pero bueno, el tiempo es tiempo y con una lágrima abandono mis sueños".
Ausente. No hay que dejarse estar, ausente. Toma con vigorosidad la bandera de tu nombre y levántala con orgullo. Pues nadie lo hará por ti, nadie será capaz de adentrarse en tu mente y hacerte sentar cabeza. Ausente, podría escribir y dedicarte un mundo ficticio, pero de nada me sirve. Podría moldear nuestra realidad, hacerla perfecta y encajar en ti su belleza, pero la duda me asalta: ¿aceptarías formar parte de ella? ¿me permitirías intentar esbozar en tus dulces labios una sonrisa?

martes, 16 de octubre de 2007

"La delgada línea de la negación"

"Haciendo que la nada tome sentido..."

Él sostiene que la verdad es una navaja de doble filo. Sus quimeras e ilusiones lo mantienen despierto, son sus fundamentales pilares de inspiración y su dañina fuente de vida. Él quiere respirar aunque eso signifique destruír miles de ásperas manos que cubren su desnudo y vulnerable cuerpo, como una burbuja que lo mantiene lejano al mundo, a salvo de todo, menos de sí mismo. Él cree que es inofensivo, y tal vez tenga razón. Su asfixia lo distrae del escenario que sus húmedos ojos ven a través de dos dedos entreabiertos. Su boca está tapada, su nariz doblada y sus manos amarradas con invisibles correas de espuma. Percibe constantes temblores en su alrededor, cuyos epicentros se encuentran en las manos que infatigablemente se turnan para no dejarlo ir: son su conexión con la vida, la única que tiene. “Quisimos cuidarte, mas te encerraste en ti mismo”, dicen quienes lo observan sumergirse en la amarga alcantarilla donde viven los crueles duendes que lo ahogan. A veces, cuando sus míticos amigos no pasan por períodos estresantes y olvidan comerse sus uñas, él recibe rasguños en cada parte de su cuerpo. Está cansado de esperar. Sus oidos reciben instrucciones que él no puede realizar, hecho que aumenta más su frustración. Prefiere morir antes de seguir en ese siniestro sopor que lo aprieta, pero no puede hacer nada... nada más que seguir alimentando su imaginación y volcar, ilusamente, sus anhelos en los sueños que cada noche lo visitan. Sus sueños son el único lugar donde está ajeno a estas manos, y donde puede aspirar a ser feliz, dependiendo del maquiavélico juego que su mente esté dispuesta a proyectar cada noche. “Mamá, suelta mi mano. No sufras más, déjame drenar mi tristeza entre las quebraduras de mi sueños”.

jueves, 11 de octubre de 2007

"A un paso de distancia"

"Si tan sólo pudieras entenderme... No pido más que eso..."

El viento, mi único cómplice, juega conmigo y la noche a su vez. Me acompaña cuando me siento al borde de un abismo bajo el cual, kilómetros más abajo, está el mar y por consiguiente la paz. El viento juguetea con mi cabello, es tan comprensivo este amigo, tan silencioso, que más no podría pedir de una compañía. Me recuesto mirando al cielo y busco entre las estrellas la ilusión, en las nubes el amor y nombro cada gota de inofensiva lluvia con tu nombre. Escucho cómo las olas se rompen contra las rocas en un juego de golpes silenciosos. Me encantaría ser una ola, porque ellas tienen un ciclo de muerte y vida, y una función que aunque imperceptible es completamente necesaria. Contrasto mi existencia con la naturaleza y no consigo más que deprimirme; es que no hago más que respirar y destruír. Soñé en una de estas noches con una realidad paralela, una fotocopia mejorada del mundo en que vivimos; era tan irreal que la olvidé. Nunca pude dejar de lado el frío, pues a diferencia del calor no tiene problema en quedarse impregnado y no es difícil conseguirlo. Sí, en un intento de estabilidad. Me paro con la mitad de mis pies fuera de la tierra, volando sobre un mar que se muestra refrescante. Me balanceo, mas no logro caerme. Es que ni el mar me quiere entre sus olas, pues su perfecto engranaje se estropearía con mi caída… la naturaleza tampoco acepta errores. Es que de haber un Dios las cosas no serían así, pues de un ser omnipotente no se podría haber engendrado una sociedad de magnitudes colosalmente contaminadas; el libre albeldrío, lamentablemente, es una excusa. Miro hacia abajo y no siento vértigo, porque sé que al caer me libraría de esta mohosa coraza de músculos. Llevo días sin ver el sol, y no me quejo por ello ya que no me hace falta. Comencé a crear, a modo de defensa, un montón de alimentos, sucedáneos de los reales, para así no tener la imperiosa necesidad de interactuar con mis pares. No consigo entender el por qué, ya que no hay ciencia capaz de explicarlo, ni filosofía ni corriente intelectual capacitada para darme tranquilidad. Mis cuerdas vocales se atrofian con el paso de los días ya que no las uso, con la naturaleza no necesito palabras. Dejé el auto kilómetros atrás antes de llegar acá, ya no recuerdo el lugar exacto. De todas maneras no me interesa, ya que mi percepción de la realidad está en extremo derretida. Comienzo a recordar las vidas que destruí siendo yo, los rostro que metamorfoseé de felices a impactados, las veces que fui dejado de lado por lo que Dios, supuestamente, quiso para mí. Me rindo, grité. Y con mi primera palabra en meses me lancé en picada desde las alturas de mi conciencia, cayendo en una alba cama con suaves sábanas. Por fin podré dormir.

lunes, 8 de octubre de 2007

"Crónica de uno de los mejores, y más extraños, días de mi vida"

Todo comenzó cuando lo supe: Lacrimosa venía a Chile, en octubre. Fue hace unos meses. Desde ese momento me puse el objetivo de que, como sea, me conseguiría la entrada. Pasaron los días y aunque estaba seguro de que a como de lugar iba a ir, no compré la entrada sino hasta un par de días antes del evento.
Mis expectativas se balanceaban en torno a la emoción que sentía al saber que ya estaba próximo a ver una de las bandas que me ha acompañado en los momentos más importantes y decisivos de mi vida.

El concierto empezaba a las 9. Me junté con Naiti a las 2:30 de la tarde (mira, hasta te hice una mención honrosa xD) y sus amigas en el metro con destino a Blondie, y con el sano objetivo de matar el tiempo de una manera entretenida, algo así como un precalentamiento para uno de los momentos más intensos que la vida me proporcionaría. La pista central tenía, como protagonistas, a todas las divas locales (Britney Spears, Christina Aguilera, Gwen Stefany, Madonna, entre otras), por lo que el ambiente tenía una clara inclinación homosexual, o mejor dicho, loca. No puedo negar que, aunque no me sienta orgulloso, bailé en la pista central. Estuve una media hora en la 2, en el auge brit, hasta que me encontré con Javo y me devolví a la central, donde estaban Cate, Wildo y Carla. No fue la música la que me prendió, sino la emoción de saber lo que en pocas horas más acontecería, y el cariño y la emoción de verlas después de tanto tiempo. Sí, bailé desenfrenadamente.
También, en esa tarde de descontrolado desahogo, hubo momentos en que la realidad me bajó a palos de la nube viciosa y exquisita que me hacía sentir hilarante, a raíz de los recuerdos que me comenzaron a atacar, reminiscencias de índole dolorosa. No es por ser envidioso, pero ver a tantas parejas (independiente del sexo de ellas) me hizo sentir algo incómodo, y triste. Hecho que, a decir verdad, no cambió en demasía mi ánimo.
Después de bailar mucho y fumar más de la cuenta, nos dirigimos a la pista central por última vez. Aquí hago un paréntesis, ya que no publicaré lo que aconteció en esa última visita (no tiré con nadie, ni mucho menos) ya que es un "chascarro" personal. Llegaron las 7, y partí al Víctor Jara.

Con Naiti, al salir, lo primero que pensamos fue: "tengo sed". Fuimos a comprar unas Ginger Ale de marca Fruna (una delicia, y no lo digo por el sabor, sino por el precio xD) y nos sumamos a la fila de color negro que cruzaba el Portal Edwards. Nota extra: en la fila nos vendieron unas cervezas a quinientos que, al entrar al Víctor Jara, nos hicieron botar (la mitad, ya que nos habíamos tomado la otra), así la moraleja es... ¡no compren! xD.
Entramos llegadas las 7:30 y tomamos lugar en cancha, obviamente, para estar más cerca de los ángeles que nos deleitarían desde las 9 hasta lo que durara el evento. Después de incontables chorros de agua, cortesía de los guardias del estadio, y del electro que de fondo intentaba prender a los espectadores, se apagaron las luces y comenzaron los gritos.

Wow, pensé. Comenzaron con Schakal, canción que fue un orgasmo para mis oídos ignorantes a un placer tan insípido y llenador. Tilo lucía mejor que en cualquier foto, ya que en ellas no se puede rescatar el aura angelical que lo envuelve, ni lo suave y sincronizado de sus movimientos. Cada una de las notas que su voz entonaba eran una caricia para todos los espectadores que, después de años de espera, pudieron cumplir su sueño. Los gritos eran inevitables. Anne, por su lado, tenía un semblante en extremo diáfano y agradecido, una diosa de indescriptible belleza. Entre los temas que tocaron están: Durch Nacht und Flut, Senses, Das Schweigen, Lichtgestalt, Kelch der Liebe, Copycat (a pedido del público), Letzte Ausfahrt: Leben, Alleine zu Zweit, Halt Mich, Ich verlasse heut dein herz, Alles Lüge, etc.
Fue un show de exactas dos horas, que hubiera durado menos si nosotros, los espectadores, no hubiéramos gritado con un fervor abrasador que volvieran, que necesitábamos más de su droga, del exquisito sentimiento que expresan con su música, con el que muchos nos sentimos identificados.

Lo demás es inexplicable. Creo que nadie de los que asistió podría explicar bien lo que se sintió ser partícipe de esa presentación. No me queda más que agradecerles, a ellos por la electrizante jornada que nos regalaron, por ser parte del selecto grupo de músicos reales. Porque sus discos pueden venderse bien, pero aunque dieran sus videos en MTV y sus canciones en FMhit seguirían siendo una explosión de sensaciones.
Gracias a todos los que me acompañaron ese día, en especial a Naiti, que participó en la odisea desde el Víctor Jara hasta mi casa.

jueves, 4 de octubre de 2007

"Filtraciones"

"La literatura es ficción, siempre..."

Es nocivo dar la vuelta y continuar por el borrascoso camino que un día, de casualidad, nos cruzó. Ahora digo que es cómico, jocoso; que me da una risa torcida e irónica ver lo estúpido que llegué a ser. ¿Ser, o no ser?: disyuntiva clásica en la literatura, como también en lo cotidiano. ¿Decir, o no decir?, ¿hablar, o no hablar?; miles de variantes que tienen en común su origen, y en el fondo igual fin.
Dejo fluir mis dedos esta noche, y planeo que así sea durante toda la inmortalidad que nos cubrirá hasta la muerte, porque es cómoda la nube de la ficción literaria que encubre, oculta y rasguña con furor.
¿Cuántas decepciones cargo en morrales herméticos?, ¿cuántas de estas mochilas existen?, ¿acaso he regalado algunas de ellas?; luchas internas por averiguar, a ciencia cierta, el resultados de la sumatoria de mis decisiones… quiero saber, de manera segura, cuántos ave marías, padres nuestros u otras oraciones sin sentido tengo que entonar para ser perdonado. Camino por concurridas calles, arterias santiaguinas, pero soy invisible como todos mis compañeros de camino, sin detalles que nos identifiquen y nada que llame la atención. Me detengo y me repito tenazmente dentro de mis nieblas personales: esto es el infierno. Continúo detenido hasta que siento dos manos blanquecinas que toman mis piernas y me adentran al asfalto: un kilo más para la perniciosa construcción.