"Haciendo que la nada tome sentido..."
Él sostiene que la verdad es una navaja de doble filo. Sus quimeras e ilusiones lo mantienen despierto, son sus fundamentales pilares de inspiración y su dañina fuente de vida. Él quiere respirar aunque eso signifique destruír miles de ásperas manos que cubren su desnudo y vulnerable cuerpo, como una burbuja que lo mantiene lejano al mundo, a salvo de todo, menos de sí mismo. Él cree que es inofensivo, y tal vez tenga razón. Su asfixia lo distrae del escenario que sus húmedos ojos ven a través de dos dedos entreabiertos. Su boca está tapada, su nariz doblada y sus manos amarradas con invisibles correas de espuma. Percibe constantes temblores en su alrededor, cuyos epicentros se encuentran en las manos que infatigablemente se turnan para no dejarlo ir: son su conexión con la vida, la única que tiene. “Quisimos cuidarte, mas te encerraste en ti mismo”, dicen quienes lo observan sumergirse en la amarga alcantarilla donde viven los crueles duendes que lo ahogan. A veces, cuando sus míticos amigos no pasan por períodos estresantes y olvidan comerse sus uñas, él recibe rasguños en cada parte de su cuerpo. Está cansado de esperar. Sus oidos reciben instrucciones que él no puede realizar, hecho que aumenta más su frustración. Prefiere morir antes de seguir en ese siniestro sopor que lo aprieta, pero no puede hacer nada... nada más que seguir alimentando su imaginación y volcar, ilusamente, sus anhelos en los sueños que cada noche lo visitan. Sus sueños son el único lugar donde está ajeno a estas manos, y donde puede aspirar a ser feliz, dependiendo del maquiavélico juego que su mente esté dispuesta a proyectar cada noche. “Mamá, suelta mi mano. No sufras más, déjame drenar mi tristeza entre las quebraduras de mi sueños”.

1 comentario:
Hola aqui postemdo
haha cuidatt
escribes
iiem
gracias por acompañarme a cmprar el libro
haha
mi awela uii te la encargo
xaazz
comentame
pipheh
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